¿Se puede replicar el modelo económico de Singapur?

Singapur es un puerto natural. Los ingleses la escogieron para operar una de sus bases comerciales de Asia y construyeron allí una ciudad portuaria. Los singapureneses recibieron ese legado y con el desarrollo que han tenido China y Asia en la últimas décadas, han impulsado las actividades de su puerto, el cual es el segundo que más mercancías mueve en todo el mundo, solo después del de Shanghai.

 

Además de mercancías, Singapur también atrae a los altos ejecutivos y gerentes de las multinacionales occidentales que operan en Asia.

 

El primer atractivo es la cercanía con los mercados en cuestión. Estos ejecutivos necesitan viajar frecuentemente a los distintos países de Asia. Hacerlo desde Europa o Estados Unidos requiere larguísimas horas de vuelos, escalas y retrasos.

 

El segundo atractivo es el idioma. En Singapur, como era una colonia británica, todos hablan inglés. Se pueden mudar con sus familias y el choque cultural no será tan fuerte. Porque mudarse por ejemplo a Pekín o a Tokio o Taipei o a Seúl y tener que aprender una distante lengua amarilla, para socializar, pedir una pizza o trabajar, no es fácil de tragar para tu cónyuge e hijos.

 

No todo el éxito de Singapur se debe a haber tenido la suerte de ser una excolonia británica. Singapur también tiene una población altamente disciplinada y educada en ciencias y tecnologías, y esto también atrae a empresas extranjeras, para desarrollar o fabricar dispositivos que requieren elevadísima cualificación, como es el caso de AMD y sus microchips -que luego son probados y ensamblados en otros lugares con menos cualificación-.

 

Singapur también ofrece incentivos fiscales para que millonarios y ejecutivos de Asia y todo el mundo trasladen sus residencias o inscriban sus empresas allá.

 

Como ya había expuesto en mi artículo: Alternativas al PIB, los países que son catalogados como paraísos fiscales tienden a tener unos PIB muy sobrevalorados, pues cuando se revisan las estadísticas de los ingresos medios de las personas, nos damos cuenta de que en realidad la gente no tiene ingresos tan altos como inferiríamos de su PIB per cápita.

 

Pero entonces, ¿se puede replicar el modelo de Singapur? Básicamente no.

 

Primero, para un país muy pequeño geográficamente, atraer a un grupito de ejecutivos o millonarios puede tener alto impacto en la dinamización de su economía, pero no tanto en un país un poco más grande. En RD tenemos a Cap Cana y Casa de Campo, pero Santo Domingo es otra cosa muy lejana.

 

Segundo, para los norteamericanos y europeos mudarse a Latinoamérica y aprender su lengua y cultura es una aventura y una experiencia necesaria de multiculturalidad. Incluso si todos aprendieramos inglés podría ser negativo.

 

Quizá solo podríamos replicar el aspecto de la educación, pero solo parcialmente, como lo expliqué en: ¿Qué tipo de educación queremos? ¿Para qué?

 

No dejes de leer: Corea y Japón: sin hierro, ni cobre, ni oro, ni petróleo, ni nada de nada…

 

¿Los bancos centrales todavía tienen oro en sus reservas?

Ni el Banco Central de los Estados Unidos (la Reserva Federal) (FED) ni el sistema de bancos centrales de Estados Unidos (Sistema de Reserva Federal) poseen nada de oro, aunque la Reserva Federal del Estado de Nueva York, custodia en sus bóvedas oro propiedad de bancos centrales de otros países, entre otras entidades, que lo tienen allí por razones de seguridad y transabilidad, para poder vender el oro más rápida y fácilmente cuando lo deseen.

 

Algunos bancos centrales todavía mantienen ciertas cantidades de oro como reservas – sin guardar ninguna relación con su oferta monetaria local-. Para ellos este es un activo de reserva, es decir, algo que pueden vender en cualquier momento para conseguir dólares para poder importar en tiempos de dificultades, pero que también y más fácil es guardar los mismos dólares en reserva. Algunos bancos centrales mantienen pequeñas cantidades de oro como un activo de especulación, esperando obtener muchos más dólares en el futuro por la misma cantidad de oro. Algunos otros bancos centrales guardan grandes cantidades de oro por una apuesta meramente política por el derrumbe de la economía norteamericana y su moneda, como es el caso de Venezuela, pero al final cuando venden su oro lo que obtienen a cambio son dólares.

 

La realidad es que el dólar es la moneda y activo de reserva por excelencia en todos los bancos centrales del mundo y la moneda para el comercio internacional, debido a que esta es confiable, abundante, conocida y accesible en todas partes del mundo. Si un dominicano quiere viajar a China o quiere importar algo de China, no puede pagar allá con sus billetes dominicanos, porque nadie los conoce y los chinos no van a hacer nada con esos billetes, porque no necesitan comprar nada de nuestro país, que es lo único que puedes hacer con pesos dominicanos; es por eso que primero los dominicanos tenemos que cambiar nuestra moneda por dólares aquí en nuestro país, y una vez en china esos dólares cambiarlos por yuanes para poder comprar o importar de allá.

 

Podríamos decir que una buena reserva de dólares que tenga un banco central le da respaldo a su economía y a su moneda, pues así este puede facilitar los dólares a los importadores en tiempos de crisis y haciendo frente a las fluctuaciones de precio en la tasa de cambio, como lo hizo nuestro banco central en 2008 debido a los altos precios del petróleo o como lo hizo ahora durante la crisis del coronavirus.

 

Pero la cantidad de dinero que circula en nuestras economías no está atada ni al oro ni al dólar. ¿Pero por qué no?

 

Imaginemos este escenario: Una población constante, un aumento en la producción, una moneda atada al oro y una oferta de oro constante. En este escenario se produciría lógicamente una deflación, una razón de peso por la cual se justifica la existencia de bancos centrales que intervengan en la economía y de una moneda que no esté atada al valor de ningún producto. Pero, ¿por qué la deflación es mala? En un mundo deflacionario nadie tendría incentivos para invertir. Si los precios de todos los productos están cayendo, eso significa que el valor de mi dinero aumentará mientras pasa el tiempo. ¿Para qué esforzarme y sacrificar mi tiempo en un negocio en el cual podría perder parte o todo mi dinero, si solo tengo que guardarlo debajo del colchón para que gane valor? También el local en donde opera mi agencia de viajes mejor venderlo y quedarme con el dinero en efectivo porque en el futuro el valor del local solo seguirá bajando. Si lo vendo ahora y me quedo con el dinero, este irá ganando valor por sí solo, ya no tengo que seguir trabajando. Con solo hacerme de efectivo a toda costa e ir postergando mi consumo todo lo que pueda, mi dinero irá ganando cada vez más valor.

 

Entonces, en este hipotético mundo, los aumentos de producción siempre llevarían a una caída de los precios de los productos (deflación) que a su vez llevarían a frenar la inversión y el consumo. En definitiva, este sistema nunca permitiría el aumento de la productividad. Por eso es que es importante que los bancos centrales siempre estén imprimiendo dinero en la economía para evitar las caídas de precios que provocan los aumentos en la producción. Estas impresiones de dinero tienen que ir acorde a un objetivo de inflación que esté entre 1 y 3 %.

 

Una inflación pequeña es buena porque evita que las personas vean el dinero como un instrumento de inversión y que lo acumulen. Pero el dinero no debe acumularse pues este es solamente una herramienta de intercambio. Los bienes que ya se ofrecieron a cambio no son para almacenarse. Esto produce pérdidas a las empresas. Nadie produce bienes para almacenarlos, sino para intercambiarlos. Almacenar un producto es costoso y lo estropea. Cuando la gente guarda dinero debajo del colchón, en vez de llevarlo al banco para que circule en la economía, lo que hace es obligar a las empresas a retener bienes o venderlos en liquidación (deflación).

 

No dejes de leer: ¿Qué es el dinero fiat y por qué existe?

 

Tuvimos una década de prosperidad económica, contrario al vaticinio de muchos

Tanto la izquierda como la derecha se equivocaron en sus predicciones sobre el mundo post la gran crisis financiera de 2009.

 

Los economistas de izquierda insistían en que había que aplicar más estímulos monetarios y fiscales de los que ya se habían realizado. Paul Krugman decía que el programa TARP para sanear a los bancos no iba a funcionar, que la solución era nacionalizar a los bancos; decía que los programas de estímulos fiscales del gobierno eran muy insuficientes, que debían ser mucho más grandes… Krugman, Stiglitz y otros economistas abogaban por un ejército de trabajadores para construir carreteras en desiertos donde solo cruzaban zorros, puentes donde no cruzaban ríos y escuelas donde no habían niños -el hecho era construir y dar empleo aunque la obra no tuviera ninguna utilidad- porque sino, según ellos, la economía iba a volver a caer en recesión en 2010 o en 2011 y que después de eso se entraría en una “década perdida” como en Japón…… se equivocaron… Nada de eso pasó. Ver tema: ¿Cómo se frena la caída en espiral de una economía?

 

La economía norteamericana se recuperó a un velocidad razonable y bastante bien. Hoy día Krugman y Stiglitz lo que dicen es que es que la economía pudo haberse recuperado más rápido y más fuerte…. pero si lo hubiera hecho muy rápido, seguramente hubiera traído más problemas de deuda y sobrecalentamiento de la economía. La economía se recuperó a un paso razonable y bastante seguro. Pero es que no era razonable que después de la peor crisis desde la gran depresión de 1929, la economía se recupera en menos de un año y todo estuviera normal como si nada, como pretendían estos economistas… no, eso no era razonable ni prudente.

 

Pero por otro lado, también se equivocaron los economistas de derecha, especialmente los de la Escuela Austríaca, pues la inmensa cantidad de dinero que se imprimió para estimular la inversión, el consumo, ayudar a los bancos y crear confianza, no generó una alta inflación como ellos esperaban ni hubo otro colapso financiero; ¿y por qué no? porque los bancos centrales no regalan dinero; lo prestan; es decir, que ese dinero impreso tiene que ser devuelto. Más aún, todo el dinero que se habilitó en los programas Q2 y Q3, y buena parte del Q1, no llegó a la economía real -los estímulos monetarios siempre tienen un alcance limitado, por eso es que se recurre también a estímulos fiscales-. Los bancos no sacaron ese dinero de sus bóvedas, se lo devolvieron la FED sin utilizarlos, pues no encontraron suficientes clientes solventes para prestarlo o bien los clientes no estaban en disposición de tomar más prestado o bien los bancos y demás agentes económicos solo utilizaron ese dinero como colchón; además de que las regulaciones impuestas a los bancos les impidió tomar préstamos arriesgados otra vez … que fue precisamente la desregulación bancaria -y no los programas de expansión monetaria de la FED- la causa de fondo de la crisis financiera de 2009. 

Pero aún si hubiera ocurrido la alta inflación, lo importante era evitar a toda costa caer en deflación. Ver temas: ¿Se justifica una impresión masiva de dinero? y ¿Por qué la deflación es mala?

Estos últimos 10 años de prosperidad económica, además de los 70-80 años anteriores a la crisis financiera de 2009, han legitimado nuestro sistema monetario y financiero. 

 

10 años después nos encontramos otra vez con una gran crisis económica y con unos estímulos monetarios y fiscales todavía más grandes. Pero las causas son muy distintas. Aunque los estímulos son absolutamente necesarios para evitar un caos económico en el presente; esta vez sí creo que vamos a enfrentar a la inflación. Pero no había ninguna otra mejor salida.

Y otra vez: la inflación alta es el menor de los males. La deflación es lo peor. Sin la actuación de los bancos centrales hubiera sido imposible aplicar las cuarentenas; aunque en mi opinión, estas no debieron realizarse en primer lugar, por desproporcionadas y porque nuestro sistema económico y político jamás se preparó para enfrentar una situación así. Se pudo haber preparado, pero no se hizo. La tormenta nos agarró desprevenidos.

 

No debes dejar de leer:

¿Qué es el dinero fiat y por qué existe?

 

 

Las mascarillas nos vuelven a demostrar los nocivos que son los controles de precios

Tomo del autor liberal de Infobae José Benegas el siguiente escrito a propósito de la situación actual del coronavirus: “La economía no es logística, que es como los místicos de la autoridad quieren verla, es coordinación de intereses. No se puede atacar a los intereses privados sin destruirla. Pero los políticos se entusiasman con que ahora sí podrán ser los directores de orquesta que quisieran ser”.

 

Al principio de la cuarentena la gente empezó a hacer compras de pánico de mascarillas, compraban por decenas. Lógicamente esto hizo que se dispararan los precios. El precio sube porque hay mucha demanda y poca oferta, pero gracias a que subió de precio, entonces este producto fue asignado eficientemente hacia las personas que más las necesitaban: médicos, enfermeros, personas enfermas y sus cuidadores, quienes estaban dispuestos a pagar cualquier precio por ellas.

 

Mientras el precio se mantuvo alto, las mascarillas no desaparecieron para las personas que más las necesitaban, pero entonces tenía que aparecer una de esas místicas de la autoridad: la toda poderosa directora de Proconsumidor, y empezó a cerrar farmacias que estaban vendiendo mascarillas a “sobreprecio”, puesto que según ella, las mascarillas debían ser accesibles para todo el mundo, pero sus medidas tuvieron el efecto totalmente opuesto al deseado. De inmediato, las mascarillas desaparecieron de todas las farmacias.

 

Gracias a Dios muy rápidamente empezaron a venderse en el mercado informal las mascarillas caseras de tela, a un precio todavía más alto que las quirúrgicas, pero reutilizables y mucho más prácticas para la gente sana y que no forma parte del personal médico.

 

Fueron los altos precios o la libertad de precios del mercado informal los que motivaron e impulsaron fuertemente a muchísimas personas a dedicarse a la producción y venta de mascarillas para satisfacer a la nueva demanda. Una vez que la oferta y la demanda regresaron al equilibrio, los precios volvieron a bajar.

 

Las mascarillas son solo un nuevo ejemplo de miles que hemos tenido a lo largo de la historia. Aprendámoslo de una vez por todas ya. Los controles de precios solo agravan los problemas de desabastecimiento y desincentivan la producción.

La soberanía alimentaria y el abastecimiento nacional

 

Con todo esto del coronavirus, los promotores del nacionalismo y aislacionismo económico, de la seguridad y soberanía alimentaria, han vuelto al ataque con más virulencia que nunca, a decir que si nuestro país fuera o no fuera autosuficiente, sufriríamos o no desabastecimiento.

 

Con frecuencia escuchamos que supuestamente el 85% de nuestros alimentos son de producción nacional, pero en este dato estamos obviando todos los insumos que necesitamos importar.

 

Necesitamos importar trigo para hacer la harina de nuestros panes, galletas, bizcochos, yanikekes y empanadas. También importamos trigo, maíz, sorgo y soya para alimentar a nuestros pollos, gallinas, cerdos y vacas – claro que también los podemos dejar libres en el campo para que piquen todo lo que encuentren o todo lo que aparezca localmente, pero nuestra producción de huevos, leche y carne caería a menos de la mitad-. Y además para producir los fertilizantes químicos y para transportar los alimentos, necesitamos petróleo.

 

¿Y por qué tenemos que importar esos cereales y no los producimos aquí? Porque esos cereales no se llevan bien con nuestro clima, como tampoco las vacas, por eso es que tenemos que importar la mitad de nuestro consumo de leche.

 

Pero en nuestro país no va a haber desabasto dizque porque el 85% de nuestros alimentos son de producción nacional; eso no tiene absolutamente nada que ver. Ningún país del mundo va a cerrar sus mercados agrícolas, porque todos necesitan productos de otros países. Nosotros importamos cereales y leches de países fríos, pero a cambio les exportamos guineos y frutas tropicales.

 

En nuestro país no va a haber desabasto simplemente porque las cadenas de producción y distribución de alimentos tanto locales como internacionales van a seguir abiertas, como pasó en la misma China, donde los supermercados siguieron abiertos y abastecidos en todo momento. Igual en Singapur y en Hong Kong, pequeñas islas superpobladas que tienen que importar el 100% de los alimentos que consumen.

 

Las cadenas de distribución de alimentos solamente se romperían en un escenario apocalíptico tipo Resident Evil. En ese caso no habría distinción en si la cadena es local o internacional. Todos los que vivirían en las ciudades morirían de hambre y solo se salvarían los que viven en el campo encerrados en sus propias plantaciones y huertos y armados con cañones y fusiles.

 

 

 

 

Krugman, Stiglitz y Piketty: el negocio de vender sueños

Krugman, Stiglitz y Piketty son académicos que no aportan nada a la humanidad, no construyen nada, solo destruyen. Solo incitan a la violencia, el caos y desorden. Ninguna de sus propuestas son factibles. Si lo fueran, hace rato ya que Obama, Hollande y Macron, y toda la Unión Europea las hubieran aplicado. Hollande ganó las elecciones diciendo un montón de cosas sobre taxar a los que más tienen y a las grandes fortunas, pero una vez en el poder tuvo que retractarse de todo lo que dijo. Por eso es mejor ser académicos que ser políticos, porque el académico nunca se quema, siempre está bien, en el papel su teoría siempre funciona y si alguien la aplicó y no funcionó, siempre le buscan una justificación o falla al que la aplicó, porque el papel lo aguanta todo. Muy bueno vivir de escribir libros y artículos populistas, sin ser nunca responsables directos de nada.

 

Pero Krugman, Stiglitz y Piketty son los responsables de fondo de la ola de xenofobia que sacude al mundo. Fueron ellos y sus replicadores los que les hicieron creer a las masas con sus teorías complacientes y estadísticas mentirosas de que hoy día se vive peor que antes y de que la culpa de tus problemas está en otros y no en ti, que el que tiene que corregirse es el otro, no tú.

 

En nuestras escuelas y universidades de Latinoamérica y Europa se enseña que el capital es malo, que los ricos son malos, que los empresarios son malos, de que no puedo superarme y de que la culpa de mis problemas está en el gobierno y no en mi; cuando lo que deberíamos enseñar en las escuelas y universidades es que el capital es bueno, que acumular riquezas es bueno, que ser empresario es bueno, de que sí puedo y debo y cómo superarme, y que los problemas que tengo no son culpa de gobierno, sino míos y que no necesito al gobierno para progresar.

 

Para avanzar económicamente, debemos cambiar el chip cultural de nuestras sociedades. Y es que nuestras sociedades no necesitan más redistribución de riquezas, lo que el mundo necesita urgentemente es más generación de riquezas, pues los recursos solamente son suficientes para todos, pero no abundantes. Ahí es donde reside el problema. Aún cuando redistribuyerámos todos los recursos del mundo con perfecta igualdad entre todos, aun así la gente seguiría inconforme porque todos serían como de clase media baja; como pasó en la Unión Soviética; y en Francia, la patria de Piketty, que tiene un mega Estado y uno de los países más igualitarios del mundo, allá la gente se queja muchísimo también, porque el problema es que los recursos no son abundantes. Todavía tenemos muchas barreras tecnológicas por superar para lograr una sociedad de opulencia

 

Pero el capitalismo ha demostrado que tiene una energía formidable para generar riquezas, incentivar la creatividad, el trabajo, la producción, el emprendimiento y la innovación. En el año 1800 la población mundial era de 700 millones, para el año 1900 había alcanzado los 1500 millones, y ahora es de 7 mil millones. Contrario a lo que creía Robert Malthus, en los últimos 200 años los recursos han ido creciendo más rápido que el crecimiento de la población, esto significa que algun día los recursos serán abundantes para todos. Solo hay que dejar trabajar al capitalismo y seguir fomentando la innovación, la investigación, la ciencia y la tecnología, que son las cosas que verdaderamente pueden aumentar nuestro nivel de vida y bienestar; y no la política o los políticos o académicos sociales.

 

No debes dejar de leer: Joseph Stiglitz y la pobrecita clase media de EUA 

Recomendado: Corea y Japón: sin hierro, ni cobre, ni oro, ni petróleo, ni nada ­de nada…

¿Qué es el dinero fiat y por qué existe?

El dinero no es un instrumento de inversión. Para eso está el oro, el petróleo, las acciones. El dinero es solamente una herramienta para facilitar el intercambio. Es simplemente un contrato entre partes para gestionar los bienes y servicios que sí son los que ganan valor y mejoran nuestra calidad de vida.

 

El dinero puede ser un papel que diga: yo fulano de tal me comprometo a entregar tal cantidad de bienes al portador. Un ticket de cambio de La Sirena es dinero. De hecho, el otro día le pagué a mi mecánico con un ticket de La Sirena, ¿y por qué lo aceptó? Porque La Sirena es una institución la cual todos conocen y confían, es accesible: hay una tienda en todos lados, y su almacén tiene una gran variedad de bienes. Lo mismo pasa con un billete fiat avalado por una institución nacional: es abundante en determinada región y aceptado por todos los locales. Pero si tú vas a China y quieres comprar con pesos dominicanos nadie te los va a aceptar, porque nadie conoce esos billetes allá, por eso si tu quieres comprar en China, primero tienes que comprar los dólares aquí y con eso comprar en China. Y si los chinos quieren comprar aquí, lo mismo, nadie les va a aceptar sus yuanes, nadie los conoce, a nadie les son útiles. No puedes aquí ir a ningún banco a traer yuanes en efectivo para que te lo cambien por nada. Por eso el dólar es la moneda de comercio internacional, porque es abundante en todos lados, accesible y todos la conocen y confían.

 

Pero así como todos los contratos y tickets y bonos de La Sirena tienen una fecha de caducidad, así también pasa con las divisas, a través de la inflación creada por los bancos centrales, la cual es la penalidad por exigir cumplimiento fuera de la fecha de vencimiento.

 

Los bienes que produce una sociedad no son para almacenarlos. Nadie produce bienes para almacenarlos, sino para intercambiarlos. Esto cuesta recursos y además daña el producto. Por eso es que los compromisos de pagos tienen una fecha de vencimiento o caducidad. Si tú no exiges su cumplimiento en determinado tiempo, es problema tuyo, pero lo que ya se produjo o se va a producir, es decir, lo que ya se ofreció a cambio, debe utilizarse en el tiempo previsto.

 

Por eso es que los chinos cuando reciben dólares norteamericanos de sus ventas, no los guardan debajo del colchón, sino que los gastan o invierten en Estados Unidos, es decir, los cambian por productos norteamericanos y en un tiempo razonable. En el caso hipotético de que guardaran sus dólares debajo del colchón, esto provocaría una deflación en los Estados Unidos, es decir, una liquidación del inventario en exceso que tienen en sus almacenes. Ante esto, el Banco Central de ese país reaccionaría imprimiendo los billetes faltantes para evitar la deflación y permitiendo la compra local de la producción en exceso. Para cuando los chinos fueran a cambiar sus dólares ya la producción se habría vendido y causarían una alta inflación y devaluación del dólar. Pero esto no causaría mayores problemas en Estados Unidos puesto que los precios subirían al mismo tiempo que los salarios. Pero los chinos habrían entregado un montón de bienes a cambio de nada, disminuyendo su riqueza.

 

El valor del dinero fiat no está atado a ningún bien tangible en específico. El único respaldo del dinero fiduciario es la confianza que se tenga en la sociedad que emite el billete en cumplir con sus compromisos; en su capacidad para producir bienes y servicios.

 

No es justo que el dinero (o la riqueza de una sociedad) esté atada al valor de un solo bien, como el oro. Pues una sociedad puede muy bien aumentar la producción en todos sus bienes y servicios, y, sin embargo, haberla disminuido en la producción de oro, por factores que son ajenos a su capacidad y disposición de trabajo. Esto es un desincentivo al trabajo.

 

De hecho, en esas condiciones, se produciría una deflación, esto es: una disminución en los precios de todos los bienes y servicios; puesto que la cantidad de bienes y servicios aumenta, y la oferta del medio de pago se mantiene constante. Pero, ¿esto es malo?

 

En un mundo deflacionario nadie tendría incentivos para invertir. Si los precios de todos los productos están cayendo, eso significa que el valor de mi dinero aumentará mientras pasa el tiempo, es decir, que el dinero empezaría a verse como un instrumento de inversión. ¿Para qué esforzarme y sacrificar mi tiempo en un negocio en el cual podría perder parte o todo mi dinero, si solo tengo que guardarlo debajo del colchón para que gane valor? También el local en donde opera mi agencia mejor venderlo y quedarme con el dinero en efectivo porque en el futuro el valor del local solo seguirá bajando. Si lo vendo ahora y me quedo con el dinero, este irá ganando valor por sí solo, ya no tengo que seguir trabajando. Con solo hacerme de efectivo a toda costa e ir postergando mi consumo todo lo que pueda, mi dinero irá ganando cada vez más valor.

 

Entonces, en este hipotético mundo, los aumentos de producción siempre llevarían a una caída de los precios de los productos (deflación) que a su vez llevarían a frenar la inversión y el consumo. En definitiva, este sistema nunca permitiría el aumento de la productividad. Por eso es que es importante que los bancos centrales siempre estén imprimiendo dinero en la economía para evitar las caídas de precios que provocan los aumentos en la producción. Estas impresiones de dinero van acorde a un objetivo de inflación que está entre 1 y 3 %.  – impresiones de billetes o anotaciones bancarias, da igual. Todos los compromisos asumidos entre los ciudadanos son controlados por el Banco Central en su constante ajuste y balanceo de la inflación-.

 

Como pueden ver, cuando el gobierno fuerza a los ciudadanos – a través de una pequeña inflación anual – a sacar su dinero debajo del colchón, no les está robando su trabajo ni engañando ni nada. Es que hay que quitarse el chip de la cabeza de ver al dinero como si fuera un producto – un instrumento de inversión -. El dinero es solamente una herramienta inteligente que simplifica y facilita bastante el comercio.

 

La acumulación de papel debajo del colchón, incluso la acumulación solo de oro, no te va a hacer más rico. Tu puedes tener una montaña de oro, pero si no encuentras a un montonaso o montañaso de gente con quien intercambiarlo, no estás en nada. Porque lo que verdaderamente define tu riqueza personal – al igual que la de una sociedad – es la cantidad, calidad y variedad de bienes que poseas y servicios que recibas.

 

No dejes de leer: ¿Los bancos centrales todavía tienen oro en sus reservas?

 

¿Cómo eliminar las revoluciones sociales?

Para eliminar las revoluciones debemos hacer dos cosas: primero, establecer un Estado social en la medida de lo posible, ni un Estado mínimo pero tampoco un Estado hiperpaternalista, sino un Estado pragmático, funcional, que sea visible, que esté presente.

 

Y lo segundo, es hacer un trabajo cultural desde y fuera de las escuelas, porque no podemos permitir que nuestros jóvenes se autoadoctrinen con información viciada y manipulada de la internet, ¿y la escuela para qué es que está? La escuela no puede quedar de accesorio nada más.. debemos explicarles a nuestros jóvenes el porqué tenemos el sistema económico que tenemos. Hay que ir de poco a más desde segundo de bachiller hasta cuarto o desde los 15 o 16 años…. Claro que respetando la libertad de expresión dentro y fuera de la escuelas, y respetando la libertad de expresión de los profesores, pero deben impartir los textos.. la escuela no es territorio de neutralidad, sino de aprendizaje y debate.

 

Lectura recomendada: ¿Debemos cambiar el sistema capitalista? 

¿Debemos cambiar el sistema capitalista?

El mejor sistema o modelo económico es aquel que incentive más el trabajo, la innovación y la producción. ¿Por qué? Porque los recursos son escasos. Ver tema: ¿Es cierto que en el mundo hay recursos abundantes para todos?

Hasta que se alcance la abundacia de recursos, no se puede cambiar de sistema económico; es decir, que lo ideal sería ir con el sistema capitalista a todo vapor hasta lograr esa meta; pero también estamos ante la disjuntiva de que establecer un sistema capitalista a todo vapor genera siempre muchas tensiones sociales y caos, es por esto que hay que equilibrar o moderar un poco el capitalismo para evitar caer en el caos que tampoco nos permitiría alcanzar la abundancia de recursos. Ver tema: ¿cómo eliminar las revoluciones sociales?

 

Por un lado, debemos tener cuidado de no eliminar los incentivos para trabajar, producir, emprender e innovar, de no caer en ese estado socialista o hiperpaternalista donde la creatividad se apaga, la gente se apereza, las granjas y las fábricas son improductivas e ineficientes; pero por otro lado, debemos tener cuidado de no llevar a la gente a desconfiar de las instituciones, a sentirse abandonados por el Estado u oprimidos.

 

Lectura recomendada: El capitalismo como el sistema económico que más innovación permite

Corea y Japón: sin hierro, ni cobre, ni oro, ni petróleo, ni nada de nada…

El Japón y la Surcorea que emergen de la segunda guerra mundial son países devastados y sin recursos. Nada de recursos para consumo interno ni para exportar. Antes de la segunda guerra mundial Japón para su desarrollo obtenía sus recursos de sus conquistas militares en Corea y el norte de China, pero después de la segunda guerra mundial se quedó sin sus territorios. Mientras que Corea, después de la guerra, quedó dividida en dos partes, quedando desgraciadamente la parte rica en recursos minerales en manos de los comunistas. La Corea del sur y Japón, no tenían nada de hierro, ni carbón, ni oro, ni cobre ni petróleo ni cultivos para exportar, ni nada de nada.

 

Por lo menos Japón tenía una población muy educada. La coreana sin embargo, era una sociedad atrasada.

 

Para obtener los recursos necesarios para su desarrollo económico, los surcoreanos y japoneses estaban obligados a importar materias primas para luego exportarlas como manufacturas de alto valor agregado.

 

Los coreanos hicieron lo mismo que los japoneses cuando se abrieron al mundo en 1868, y contrataron a europeos para que les orientaran en el diseño y desarrollo de sus industrias. Así, el primer modelo de auto Hyundai que vendieron los coreanos, fue diseñado por un grupo de 6 ingenieros europeos, y con un motor y transmisión de Mitsubishi. Gracias a la discipilina, sacrificio y esfuerzo de los coreanos, en muy poco tiempo dejaron bastante atrás a los ingenieros europeos y a Mitsubishi. El salto de Corea del atraso y aislamiento absoluto al desarrollo de tecnología de punta, fue de la misma velocidad que el salto de los japoneses en el siglo XIX; en cuestión de unas pocas décadas ya estaban rivalizando con las grandes potencias.

 

Nuestras economías latinoamericanas basadas en las materias primas nos impiden salir de nuestras zonas de confort. No queremos salir afuera a exportar nada más que no sea materias primas, es decir, lo fácil. Y estamos bien como estamos, en nuestra mediocridad, en nuestra zona de confort.

 

La falta de materias primas de Surcorea y Japón, que al principio parecía ser una mala suerte, se convirtió en una buena suerte.

 

La clave del éxito económico de una nación está en su capacidad de descubrir y desarrollar constantemente productos de alto valor agregado para mercado global.

 

Los latinoamericanos deberíamos incursionar en autos eléctricos, patinetas eléctricas, baterías de alta capacidad de almacenamiento, paneles solares, componentes tecnológicos, tabletas, smartphones, nuevos fármacos y equipos médicos, ingeniería genética, robótica, nanorobótica y programación, todo en libertad de comercio siempre; en fin, invertir en ciencia y tecnología, que es lo único que verdaderamente puede mejorar la vida de la gente.

 

No debes dejar de leer:

El fracaso de las naciones

El problema de Chile no está en la distribución de riquezas, sino en la poca generación de riquezas